“¿Por qué se acaba todo? ¿Por qué no sirven las experiencias de los demás para conducir a un plan más alto, más acorde con la sociedad y con los hombres? ¿Resulta siempre peligroso abrirle los ojos a alguien para que se encuentre con la verdad?...”
¿Suena a utopía?, quizás si..pero lo expresado anteriormente pertenece a Olga Cossenttini, docente rosarina, que por 1935-1950, se atrevió a vivir una experiencia educativa maravillosa en una escuela pública, de un barrio obrero, cuyos alumnos hoy, recuerdan como algo no solo inolvidable, sino como marcador en las pautas de sus vidas.
En esa época regia la Ley 1420 sancionada en 1884, que sin sufrir modificaciones importantes, condujo el destino educativo de nuestro país hasta 1993. Mal síntoma para cualquier país que quiera un futuro asegurado en la grandeza de sus habitantes, comprensible en el nuestro, cuyo destino principal fue marcado por dictaduras militares.
El año 1993 marca el comienzo de la peor etapa que vivió nuestra educación en democracia. Se aprueba la Ley Federal 24.195. Nacida en cuna neoliberal, llevo los valores, reglas y estrategias de la economía al terreno de la educación. El gobierno de Carlos Saúl Menem, acompañado por Eduardo Duhalde dejo al mercado el rol de organizador de la sociedad y la educación…en manos de nadie. El símbolo de rechazo más visible fue la creación frente al Congreso Nacional de la Carpa Blanca, que logró una fuerte adhesión popular.
La escuela se convirtió en un centro asistencial y sus maestros en asistentes sociales, encargados de atender problemáticas familiares, documentación, drogadicción, viendo recortada la posibilidad de enseñar. Sumado a esto la mala preparación que se les brindaba, maestros venidos a profesores sin capacidad adecuada. Coexistencia en una misma provincia de sistemas diferentes, primarización de los primeros años del secundario, cierre de las diversas opciones de enseñanza técnica. Un sistema deficiente en un contexto de pobreza alarmante. Aumento de matriculas de chicos con aprendizajes fracasados, que quedaban en el sistema solo para satisfacer sus necesidades primarias, fue la llamada “escuela comedor”.
Hoy una nueva Ley de Educación Nacional, esta rigiendo al sistema. Reconociéndola “como un bien público y un derecho personal y social garantizado por el Estado”, quien además “tiene la responsabilidad principal e indelegable de proveer una educación integral permanente y de calidad para todos/as los/as habitantes de la Nación, garantizando la igualdad, gratuidad y equidad en el ejercicio de este derecho”.
Quizás sea muy pronto para poder juzgar sus primeros frutos, pero una educación basada en estos principios y con un buen presupuesto, no puede ser equivocada. Quedará ahora no solo velar por ella, sino comprobar que los actores del sistema educativo cumplan con la calidad debida.
Como verdaderos periodistas debemos ejercer la docencia y usar como didáctica la memoria. Tener presente nos solo los hechos, sino los personajes que los llevaron a cabo y apuestan a ser nuevamente candidatos presidenciales. Abramos los ojos no dejemos que las mentiras y la basura puesta en escena por medios oligopolios con muchísima saña e intereses económicos, nos haga ver que el camino no es el correcto.
Graciela N Provenzano.
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